Una contraseña robada puede ser solo el comienzo del ataque.
Cookies de sesión, tokens de autenticación y credenciales almacenadas en el navegador: las nuevas piezas clave de una amenaza que puede abrir la puerta a cuentas corporativas sin necesidad de volver a iniciar sesión.
Tu contraseña ya no es el único objetivo: así secuestran los ciberdelincuentes tu identidad digital
Durante mucho tiempo, proteger una cuenta parecía relativamente sencillo: utilizar una contraseña segura, activar la autenticación multifactor (MFA) y evitar compartir información confidencial. Sin embargo, las técnicas de los ciberdelincuentes han evolucionado y hoy existe un problema que va mucho más allá de descubrir una contraseña.
Ahora, los atacantes buscan apropiarse de algo mucho más valioso: la identidad digital completa de una persona.
Para conseguirlo, recurren a programas maliciosos capaces de extraer credenciales almacenadas en el navegador, cookies de sesión, tokens de autenticación y otros datos que permiten acceder a servicios empresariales, plataformas en la nube y cuentas personales.
El riesgo es considerable. Si un atacante consigue reutilizar una sesión autenticada, podría acceder a determinados servicios haciéndose pasar por un usuario legítimo, incluso cuando esa cuenta cuenta con mecanismos adicionales de seguridad.
Y lo más preocupante es que este modelo de ciberdelincuencia no depende de una sola herramienta. El resurgimiento de Lumma Stealer y la aparición de nuevas amenazas como Acreed demuestran que el robo de identidades digitales se ha convertido en un negocio que continúa evolucionando.
Lumma Stealer: una amenaza que demuestra que los ciberdelincuentes saben regresar
En 2025, las autoridades y sus socios tecnológicos interrumpieron parte de la infraestructura utilizada por Lumma Stealer, uno de los programas de robo de información más conocidos del ecosistema criminal. Sin embargo, las interrupciones no significaron necesariamente el final de la amenaza.
Los informes posteriores señalaron la reconstrucción de sus operaciones y la aparición de nuevas campañas de distribución.
Lumma Stealer pertenece a la categoría de los infostealers: programas maliciosos diseñados para recopilar información valiosa de los dispositivos comprometidos. Entre sus objetivos se encuentran las contraseñas guardadas en navegadores, las cookies de sesión, los tokens de autenticación y otros datos que pueden facilitar el acceso a cuentas digitales.
Para llegar a sus víctimas, los atacantes recurren a diferentes técnicas de ingeniería social. Algunas campañas utilizan páginas CAPTCHA falsas que invitan al usuario a seguir instrucciones aparentemente legítimas. Otras recurren a descargas maliciosas o engaños que inducen a las personas a ejecutar comandos en sus propios equipos, una modalidad de ataque conocida como ClickFix.
El engaño funciona porque aprovecha una reacción habitual: cuando una página parece legítima y solicita completar una verificación o corregir un supuesto problema, el usuario puede bajar la guardia.
Una vez que el dispositivo queda comprometido, la información recopilada puede utilizarse para intentar acceder a otros servicios, venderse en mercados clandestinos o facilitar ataques posteriores.
La lección es clara: una amenaza puede cambiar de infraestructura y de estrategia sin perder su objetivo principal. Por eso, las organizaciones necesitan detectar tanto las infecciones como las actividades sospechosas que pueden producirse después.
El verdadero botín: sesiones activas y credenciales empresariales
Imagina que un colaborador inicia sesión en el correo corporativo, accede a sus aplicaciones de trabajo y consulta documentos almacenados en la nube. Durante ese proceso, el navegador y los servicios utilizados gestionan información que permite mantener la sesión autenticada.
Si un atacante consigue robar y reutilizar determinados elementos de esa sesión, podría intentar acceder a los servicios correspondientes sin repetir todo el proceso de autenticación.
Aquí aparece uno de los riesgos más importantes del robo moderno de información: el atacante no siempre necesita conocer la contraseña si logra apropiarse de una sesión válida.
Las cookies de sesión y los tokens de autenticación cumplen funciones legítimas: permiten que los servicios reconozcan a un usuario y mantengan su acceso. El problema surge cuando estos elementos caen en manos equivocadas y pueden reutilizarse fuera del contexto previsto.
En determinadas circunstancias, esto puede reducir la eficacia de la autenticación multifactor. Aunque la MFA sigue siendo una medida de seguridad fundamental, no impide por sí sola todos los escenarios de secuestro de sesión.
El impacto puede extenderse rápidamente dentro de una organización. Una cuenta comprometida podría convertirse en el punto de partida para consultar información confidencial, acceder a aplicaciones empresariales, enviar correos fraudulentos o intentar alcanzar otros recursos corporativos.
Por eso, proteger una identidad digital exige mirar más allá de la contraseña: también es necesario vigilar las sesiones, los dispositivos desde los que se accede y los comportamientos que se producen después de iniciar sesión.
Un mercado clandestino que convierte las identidades en mercancía
El robo de información no termina cuando el malware extrae los datos de un dispositivo. En muchos casos, ese es apenas el comienzo de una cadena de actividades criminales.
Los registros robados pueden reunir contraseñas, información de autocompletado, perfiles de navegación, cookies y otros elementos relacionados con las cuentas de una víctima. Después, estos datos pueden comercializarse, intercambiarse o utilizarse para preparar nuevos ataques.
La existencia de grandes conjuntos de credenciales y datos de navegación robados demuestra la escala que puede alcanzar este ecosistema. Para los delincuentes, disponer de información previamente recopilada puede reducir el esfuerzo necesario para preparar campañas de fraude o intentar tomar el control de cuentas.
En el entorno empresarial, las consecuencias pueden ser especialmente graves. Una cuenta corporativa comprometida puede utilizarse para suplantar a un empleado, engañar a proveedores, distribuir mensajes de phishing o intentar acceder a información protegida.
El riesgo aumenta cuando una misma identidad permite entrar en diferentes aplicaciones conectadas, especialmente si existen permisos excesivos o controles insuficientes sobre los accesos.
En otras palabras, el valor de los datos robados no se limita a lo que contienen, sino también a las puertas que pueden abrir.
Acreed: otra señal de la evolución del robo de información
Lumma Stealer no es el único ejemplo de esta tendencia. Acreed es otra familia de malware diseñada para recopilar información sensible, con especial atención a las credenciales almacenadas en navegadores y otros datos que pueden aprovecharse para comprometer identidades digitales.
Entre la información que puede buscar se encuentran contraseñas, datos de autocompletado, cookies de autenticación y datos relacionados con monederos de criptomonedas.
Su aparición refleja una dinámica habitual del cibercrimen: mientras algunas amenazas pierden presencia o se enfrentan a interrupciones, otras herramientas aparecen para atender la demanda de quienes buscan robar y comercializar información.
Esto dificulta el panorama de seguridad para las organizaciones. No basta con identificar una familia de malware y asumir que el problema desaparecerá cuando deje de ser noticia. Las herramientas cambian, los métodos de distribución se adaptan y los datos obtenidos mediante una infección pueden seguir teniendo valor mucho después del compromiso inicial.
Por ello, la defensa debe centrarse en capacidades que permitan detectar comportamientos maliciosos, contener dispositivos afectados e identificar posibles accesos indebidos, incluso cuando la amenaza utiliza herramientas nuevas o poco conocidas.
¿Cómo pueden protegerse las empresas frente al secuestro de identidades digitales?
La evolución de estas amenazas exige adoptar una estrategia de seguridad que considere la identidad como una parte esencial de la superficie de ataque.
Estas son algunas medidas prioritarias:
1. Reforzar la seguridad de los dispositivos. Mantener los sistemas actualizados, utilizar herramientas de protección de endpoints y vigilar los comportamientos sospechosos ayuda a reducir el riesgo de que un infostealer se ejecute y recopile información.
2. Proteger las sesiones y los accesos. Aplicar políticas de acceso condicional, evaluar el contexto de los inicios de sesión y utilizar mecanismos de revocación de sesiones y tokens cuando exista una sospecha de compromiso puede ayudar a limitar el acceso no autorizado.
3. Mantener la autenticación multifactor. La MFA sigue siendo indispensable. Siempre que sea viable, conviene priorizar métodos resistentes al phishing y complementar su uso con controles que permitan identificar sesiones o accesos anómalos.
4. Supervisar la actividad de las cuentas. Los accesos desde ubicaciones o dispositivos inusuales, los cambios inesperados de comportamiento y las acciones anómalas sobre aplicaciones empresariales pueden revelar un compromiso que no sería evidente al revisar únicamente las contraseñas.
5. Prepararse para responder con rapidez. Cuando se detecta un posible robo de información, es importante aislar el dispositivo afectado, investigar el alcance del incidente, revocar las sesiones comprometidas, cambiar las credenciales cuando corresponda y revisar las cuentas y los servicios potencialmente expuestos.
6. Capacitar a los usuarios contra nuevas técnicas de engaño. Las páginas CAPTCHA falsas, las descargas sospechosas y las instrucciones que solicitan ejecutar comandos deben formar parte de los escenarios de concientización en ciberseguridad.
Ninguna medida aislada elimina todos los riesgos. La protección más sólida surge de combinar prevención, visibilidad, controles de identidad y capacidad de respuesta.
La seguridad ya no termina en el dispositivo: también debe proteger la identidad
El resurgimiento de Lumma Stealer y la aparición de herramientas como Acreed reflejan una transformación importante: los ciberdelincuentes no necesitan limitarse a robar archivos o instalar ransomware. También pueden buscar los elementos que permiten a una persona acceder a sus cuentas y servicios digitales.
Esto cambia la forma de entender la protección empresarial. Los dispositivos siguen siendo fundamentales, pero las organizaciones también deben prestar atención a las credenciales, las sesiones activas, los tokens y el comportamiento de los usuarios dentro de sus aplicaciones.
En este escenario, contar con capacidades de protección de endpoints, detección de amenazas y respuesta ante incidentes puede ayudar a identificar compromisos y reducir su impacto. Soluciones como los servicios de seguridad gestionada y XDR permiten integrar señales de diferentes fuentes para investigar actividades sospechosas.
